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LOS 25 POZOS, por Luis Palacios Kaim

Últimamente, me ha dado por sospechar que todos los seres de este mundo: llámense océanos, insectos, frailes, desiertos, turistas, bacterias, amantes, trapecistas o bisontes, están... ¿ cómo decirlo con precisión? son producto de un reflejo. Son el borroso reflejo del reflejo. Ontológicamente disminuidos, próximos a la nada. Prácticamente insustanciales. 

El reflejo original nos manda y determina. Genera nuestra realidad; nos crea. Nos otorga una existencia; nos informa y nos deforma. Nuestro reflejo, sí existe plenamente, nosotros, no. 

Cuando Narciso se asoma al estanque y se enamora, en realidad, es su reflejo el que se asoma a él, quedando cautivado. Entonces, se precipita a esta realidad y sucumbe.  Así, innumerables reflejos deambulan en busca del sitio en el que alguna vez se precipitaron, aquel preciso espacio que les permitió, a la vez, el reflejo y el ser. Evidentemente, están vedados a nuestra mirada, porque al intentar inútilmente caer en su imagen, desaparecieron. Quedaron sin soporte ni cuerpo.  Ahora, en ese anhelo por regresar a su morada, los vislumbramos, por ejemplo, en el estremecerse del agua. En ese temblor delicadísimo de los estanques que erróneamente atribuimos a la brisa, cuando en realidad son ellos, los reflejos, pugnando por volver a sus dominios.

 Presentimientos, los llamaría yo.

 Imperceptibles chasquidos, alientos, pulsiones, sombras, sueños.

Así se manifiestan; rasgando esta membrana de luz en su intento de fuga.

Insisto, el reflejo de Narciso fue anterior a Narciso. Y fue la causa de que el hermoso pastor adolecente, pudiera transitar su corta vida en la feraz ribera del río Cefiso, poblado por innumerables ninfas, poseedoras de “un saber fluido, líquido”- como dijera Roberto Calasso - aún sin metro, capaz de producir la divina locura.

Recordemos que, para los griegos, a través del desquiciamiento psíquico, el ser humano podía llegar a contemplar los grandes misterios. Las epifanías fundamentales se alcanzaban en los estados álgidos de conciencia alterada.

La razón, por sí misma, la cordura, siempre sería insuficiente, tiránica, miope.

El arte, la poiesis, por tanto, también era un producto y un generador de mundos y lenguajes indescifrables y obscenos. Lenguajes sin reglas gramaticales: sin endecasílabos o acentos, sin puntos, sin paréntesis, sin mayúsculas, sin infinitivos, ni adverbios. Lenguajes vivos, fluctuantes, rebeldes. Lenguajes irrepetibles, variables en cada ocasión, creadores de mundos en los que decir y engendrar se confundían. Lenguajes enfrentados a la palabra grillete, a la palabra castrante que el Estado impone.

La pasión amorosa, quedaría inscrita en el mismo rango. Torpe al expresarse, muda al inicio. Irrefrenable después, calcinante. 

Los humanistas florentinos del Renacimiento, solían inscribir orgullosos en sus medallones de bronce el lema : “Amor es el principio de todas las artes”. Pero ese amor estaba inscrito en el desarrollo riguroso de la geometría. Específicamente en el estudio de la perspectiva, con sus ejes, intersecciones, ángulos, y puntos de fuga. Novedosas herramientas para construir la realidad del hombre emancipado, cósmico y protagonista. Ya no, la pasión desenfrenadamente divina, sino la exaltación matemática y humana del ser renacido y pleno. ¡Que difícil y fascinante acoplamiento! Locura matemática, exactitud delirante.  Aquí, Mario logra naturalmente la síntesis afortunada porque así es su talante, así,  el corpus de su obra toda; así su visión del mundo. 

  Al mismo tiempo, en las últimas líneas de su famoso poema , “Muerte de Narciso”, el  cubano, José Lezama Lima, escribe: “ Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas”. Renacimiento y barroco. La recta y la curva. La claridad deslumbrante y el pliegue que vela y oculta. La mesura de la simetría por un lado, el horror al vacío en el otro extremo. El ángulo recto junto a la columna salomónica.

Tres instancias en las que el silencio lo es casi todo. También la quietud.  

Tiempo- espacio pleno, tiempo- espacio frenéticamente dinámico y a la vez estático; más allá de la historia y el devenir. De tan desenfrenado, inmóvil.

 Locura, poiesis, pasión amorosa. Perturbación, belleza, deseo.

Manía, poiesis, eros.

Tensión – relajación, vacío- plenitud, silencio- elocuencia. Parejas de conceptos aparentemente contradictorias. Unidas por un lenguaje más allá del lenguaje : Inefable. impronunciable.

 Lenguaje acuático por excelencia. Extremadamente dúctil; multiforme. Que a la manera de Proteo, dios de las profundidades marinas, adquiría formas diversas para escapar de quienes le exigían la revelación. El dios, era capaz de transformarse en jabalí, en león, en dragón, en arroyo, en olivo, en peñasco, en lo que fuera, con tal de escapar al interrogatorio. Sólo la astucia y la perseverancia lograban sujetarlo, obligándolo a predecir el futuro, que no es otra cosa, que decir la verdad anticipadamente.

En estos veinticuatro recipientes que Mario ha colocado sabiamente, el agua cumple de manera más que afortunada, los tres requisitos antes señalados para producir el encantamiento ritual. La belleza de su disposición, el misterio de su contenido, la amorosa participación de los amigos. Arte comunitario; social, en la mejor acepción del término. Por tanto, fraterno. Propositivo y crítico, contrario al panfleto y a la consigna obvia.   Ordenamiento,  por el que el arte actual, regresa a sus orígenes más venturosos, a su liga con lo primigenio, a su potencia plena. Nada es gratuito y todo lo es. Cálculo y azar son simultáneos. Disposición milimétrica en busca de lo inesperado. Estricta geometría convocando el evento fortuito.

Su belleza nos admira, su enigma nos altera, su pasión nos seduce.  Los griegos les llamaban Kalós, grifos, eros.

 24 pozos a los que se ha acercado la gente y se ha reconocido. Ha conversado, ha soñado, ha danzado, se han contado historias, se han hecho promesas, se ha guardado riguroso silencio, se ha meditado y reído. Obra de arte estrictamente relacional y participativa: incluyente. 

 El volumen que registra todo esto, es otro pozo perfecto, el 25. Al  abrirlo, caeremos en él irremediablemente, hundiéndonos en su elegancia editorial y en el contenido hipnótico de sus páginas.  Mario, se ha dedicado a convocar mujeres, niños, amigos, poetas, bailarines, mascotas. Al pasar  sus hojas, la luz los va iluminando. Una vez despiertos, regresan al mundo y se miran en nosotros, constatando el paso del tiempo. Nuestra erosión, nuestra caducidad. Al terminar, ellos reanudarán plácidamente su existencia nocturna, su sueño, su permanencia extraña.  

Vayamos al libro sin temor. Recordemos, que sólo somos el reflejo del reflejo de aquellos que habitan en ese territorio intemporal de tinta y papel.  

 

 cuerpo de agua en movimiento

repta el reflejo

repta la mano sedienta estrella

órbita cuerpo gira sin pausa

cuerpo reflejo

estrella 

sueño

anfibio cuerpo mujer estrella

mano raíz

agua sedienta

orbita ojos

mujer 

reflejo

giran reflejos de los reflejos

el agua sueña mujer que repta

sed de sus manos y de su cuerpo

el agua quieta

Septiembre,  2019 

Luis Palacios Kaim 

Maria Alvarez